Este mandato dirigido a los curas, vicarios, predicadores y fieles de la Iglesia católica que redactara el obispo Toussaint Duvernin (1713-1785) responde a una petición de protección de la fe frente a la persecución de los filósofos modernos, entre ellos los enciclopedistas, y de los incrédulos. En su opinión, la religión se encuentra en un preocupante estado de decadencia como consecuencia de los ataques realizados por parte de «escritores oscuros que osan decir todo excepto su nombre» (p. 4). Tales escritores solo siguen el interés de las pasiones, la corrupción del corazón y la voz del libertinaje introduciendo sus injurias en toda clase de ciudadanos (p. 4). Los padres y las madres, en vez de enseñar a sus hijos el catecismo, les presentan el deísmo, el ateísmo y el materialismo hablando con verdadera audacia contra la religión y los dogmas (p. 4). Y este progreso de la impiedad se debe al efecto contagioso de los malos libros (p. 5). De ahí que reclame la toma de medidas eficaces para impedir la introducción de estas obras que juzga sumamente perniciosas (p. 5). Apela así a las autoridades judiciales, políticas y religiosas a quienes solicita que se comprometan a proteger la fe, rechazando los malos libros y evitando la propagación del fanatismo anticristiano.
Plantea una dicotomía entre los cuidadanos que se han formado en la fe y los discípulos de la nueva filosofía. Los primeros serán buenos para la patria puesto que actuarán con justicia y fidelidad en lo que se les encomiende, compartándose con justicia y consolando a los afligidos. Los segundos, por el contrario, se preocuprán únicamente de sus posesiones en la tierra. Reclama, en consecuencia, la prohibición «para siempre» de los malos libros que amenazan no solo la fe católica sino también el orden social.
Como consecuencia, entre las recomendaciones de la Cuaresma, se aclara lo siguiente:
Hacemos un caso aparte de la lectura de libros y obras, manuscritas e impresas, publicadas o no, directa o indirectamente contrarias a la religión cristiana, declarando que entendemos por tal todas aquellas obras de la supuesta filosofía moderna escritas contra la Revelación y la religión de Jesucristo. Todos los confesores obligarán a sus penitentes que los posean a deshacerse de ellos y no podrán absolver a quienes los hayan leído con atención y reflexión, a menos que tengan poderes para los casos reservados, p. 12.