Sátira
Léxico estético-literario
La obra en que se motejan y censuran las costumbres u operaciónes, o del público o de algún particular. Escríbese regularmente en verso (Diccionario de Autoridades).
Referencias en las que aparece
1801 - Principios filosóficos de la literatura o Curso razonado de Bellas Letras y Bellas Artes, Tomo V
Llámasela sátira porque realmente es una confusa mezcla de invectivas contra los hombres, contra sus deseos, sus temores, sus arrebatos, sus desmedidos regocijos y placeres, sus intrigas, sus preocupaciones, sus pretensiones y demás vicios, p. 259.
Se puede, pues, definir la sátira diciendo que es una especie de poema en el cual se ataca directamente a los vicios y extravíos de los hombres, p. 260.
[..] Es un retrato, no un cuadro, p. 260.
[...] Hay dos especoies de sátiras: una que participa de la tragedia y esta es la de Juvenal; otra participa de la comedia, y esta es la de Horacio, p. 262.
Hay sátiras en que domina la hiel; en otras es la acromonia; y en otras no hay más que sal, empero hay sal que sazona, sal que pica y sal que escuece, pp. 262-263.
Este mismo espíritu forma una de las principales diferencias que hay entre la sátira y la crítica. Esta solo tiene por objeto conservar puras las ideas de lo bueno, lo verdadero, lo exacto en las obras de gusto y de ingenio, sin miramiento, ni alusión alguna al talento del autor, ni a sus cualidades personales. La sátira, por el contrario, tira a zaherir al hombre mismo, y si disfraza o encubre el tiro con algún rasgo ingenioso, es por proporcionar al lector el placer de aparentar que solo aprueba el ingenio, pp. 264-265.
Aunque estas especie de obras son de un carácter odioso, sin embargo se las puede leer con mucho provecho, pues son el contraveneno de las obras en que reina la molicie, p. 265.
La forma de la sátira es harto indiferente en sí misma. Tan pronto es épica como dramática; mas, por lo común, es didáctica. Unas veces lleva el nombre de discurso; otras el de epístola. [...] Cualquier escrito es satírico cuando se ve que es el espíritu de la sátira quien le ha dictado, p. 266.