En esta segunda parte del artículo se continúan defendiendo las teorías del arte de Sulzer y particularmente la relación entre la emoción poética y lo sublime, cuyo referente se encuentra en la naturaleza. El autor sostiene que la relación entre el buen gusto, o un gusto bien educado, conviene a la moral social y aparta a las sociedades de la legitimidación de una literatura carente de méritos poéticos y morales.
Concluyen las reflexiones generales sobre el gusto por Mr. Kuhls
M. Kuhls
1789
Resumen
Descripción bibliográfica
Kuhls, Mr., «Concluyen las reflexiones generales sobre el gusto, por Mr. Kuhls», Espíritu de los mejores diarios que se publican en Europa, 1789, núm. 196 (31 de agosto), pp. 419-422.
24 pp.; 8º. Sign.: BNE U/11325.
Ejemplares
Biblioteca Nacional de España
https://catalogo.bne.es/permalink/34BNE_INST/95vni4/alma991031043189708606
Bibliografía
Cita
M. Kuhls (1789). Concluyen las reflexiones generales sobre el gusto por Mr. Kuhls, en Biblioteca de la Lectura en la Ilustración [<https://bibliotecalectura18.net/d/concluyen-las-reflexiones-generales-sobre-el-gusto-por-mr-kuhls> Consulta: 21/03/2026].
Copyright
María José Rodríguez Sánchez de León
Edición
CONCLUYEN LAS REFLEXIONES GENERALES SOBRE EL GUSTO POR MR. KUHLS
Omltiremos cuanto suele decirse de la regularidad, de la exactitud, de las proporciones y de la uniformidad. Observaremos solamente que el artista debe interrumpir la monotonía de esta última siempre que le sea preciso despertar la atención. Las inmensas llanuras en que reina una perpetua uniformidad cansan la vista del viajante. Es preciso que el orden facilite la percepión del conjunto. Los grandes grupos formados con objetos lisonjeros no dan tiempo al espectador de conocer el defecto de orden y agradan por su grandeza majestuosa.
Todo lo que agrada por su esencia es de una noble sencillez y en cualquiera parte que se halle esta no podrá menos de agradar, ya brille en la Rotunda, ya en el carácter y la conducta de Abraham, en el clarín de la epopeya interesará tanto como en la verde zampoña del pastor. En todas las obras del Creador reina la noble sencillez; luego el camino más seguro para llegar a la inmortalidad es la imitación feliz de la naturaleza. Cuando el artista le es infiel, o cuando jamás se inició en sus misterios, entonces levanta edificios góticos cargados de adornos en lugar de templos de una noble y sencilla arquitectura; entonces se extravía el músico en un laberinto de modulaciones difíciles y sabias para obtener aplausos, en lugar de hacer derramar lágrimas con un canto sencillo y natural.
La hermosura en el sentido más lato se atribuye a todas las cosas que nos agradan y el gusto se aplica también a cuanto por tu grandeza y sublimidad nos causa admiración y espanto. El océano enfurecido, los enormes peñascos de la tierra amontonados con un majestuoso horror y cubiertos de nubes, un río de lava, que con el ruido y el resplandor del rayo se precipita en el mar y le arroja a gran distancia, un cielo puro y sereno cual sobre el Etna le vio Bridone a media noche adornado de innumerables mundos resplandecientes, al paso que rugía a sus pies un horroroso abismo: he aquí escenas grandes de la naturaleza que siempre arrebatarán al hombre de gusto.
No solo nos agrada la hermosura física, pues la imaginación y el talento pueden crear imágenes que produzcan el mismo efecto. Creer que más allá de la vía láctea pueden hallarse otras mil, no es repugnante al gusto. La repetida meditación del sublime, la frecuente contemplación de lo agradable y de lo bello, alimentan, purifican y perfeccionan el gusto. Los vuelos de una imaginación desarreglada pasmarán al que no conozca las leyes por las que deba ordenarse y ejecutarse la invención. El americano salvaje se alborota de gusto al oír el sonido de la gaita y esto no le sucedería si un Handel [no] le hubiese encantado en sus bosques. El que se familiarizó una vez con las comedias de Terencio, despreciará con la mayor indignación las fastidiosas farsas que se ven en muchos teatros, como también ciertas piezas tan mal escritas como indecentes que se permiten en los teatros de Europa a las que acude el público en tropel: gratis anhelans, multa agenda, nihil agens. ¡Cuán cierta es la máxima de Ovidio: parva leves capiunt animos! y cuán debidamente puede exclamarse en este caso: ¡oh, atenienses, oh atenienses!. El gusto purificado inflama más y más el deseo de llegar al supremo grado de lo bello. iOh, dulce presagio de la inmortalidad! El sentimiento de lo bello es tanto más vivo cuanto es más fuerte el conocimiento de la perfección, cuanto más ardiente es la imaginación y más delicada la sensibilidad.
El gusto tiene mil matices y en todos ellos es muy apreciable siempre que no se aparte de la verdad. ¡Pero feliz el que puede llamarse hombre de gusto por excelencia! Pues se halla en la fuente de los placeres puros, inocentes y sublimes; en toda la naturaleza extiende su dominio, el arte le ofrece sus producciones que, multiplicando sus placeres, aumenta sus conocimientos; en su imaginación halla mil cuadros agradables y jamás emponzoña momento alguno de su vida la negra melancolía. El gusto derrama cierta delicia en todas las acciones del hombre que le tiene. Las verdades comunes adquieren en su boca mayor fuerza; los que las oyen las aprenden más fácilmente y se convencen de ellas con más prontitud. El conocimiento exquisito que tiene del orden y de la armonía aparta todo lo que les es contrario; la exageración, la bufonada, los juegos de palabras, las sutilezas inútiles, las gracias de un hombre fútil, finalmente todo lo que caracteriza el mal gusto merece su desprecio. El gusto, al paso que suaviza las costumbres, dispone al alma a que sienta más fácilmente lo bueno y lo noble. Contribuye a familiarizarse más con la naturaleza, a llevar más adelante sus inquisiciones, a elevar su espíritu y prepara para el comercio de los entes superiores. En todas partes ve las bellezas y tesoros de la naturaleza: los agradables valles de la Grecia, los ardientes desiertos del Perú, el cielo sembrado de estrellas; en una palabra, el espectáculo del universo en su mayor grandeza le ofrece asuntos de meditación. Lo mismo sucede con las producciones de las artes, la música, la pintura, la escultura, la arquitectura, la poesía, la elocuencia, el teatro en su pureza y hecho escuela de costumbres y de virtudes: iqué inagotables manantiales de placer para el hombre de gusto!
Estos motivos bastan sin duda para conocer la necesidad de formar y purificar el gusto y las ventajas que de él resultan a la sociedad. Ciertos censores atrabilarios que quisieran condenar al hombre a vejetar sobre la tierra, niegan la influencia del gusto en las costumbres y aun pretenden que es perjudicial a la virtud. Es preciso convenir en que muchos hombres de gusto se abandonaron a los vicios, pero estos monstruos en el orden moral son excepciones de la regla y el testimonio con el ejemplo de los hombres más grandes de la Antigüedad y de estos últimos tiempos bastan para probar lo contrarío.
¿Quién podrá leer la magia de Klopstock y la obra inmortal de Sulzer sin convencerse de que el gusto por su naturaleza excita a la virtud? iOh, maestros! No olvidéis jamás que la virtud es el medio único, y el más seguro, de formar el corazón de vuestros discípulos, ni que el modo de conseguirlo con brevedad es cuidar de purificar el gusto, pues la experiencia acredita que las almas tiernas en quienes está perfeccionado el bello físico son igualmente más sensibles al bello moral. La razón, el gusto y lo que Hutcheson y Shafstesbury llaman el sentido moral son, según Sulzer, la misma facultad, modificada solamente por diferentes objetos. A la verdad, aún no se ha demostrado que el sentido moral sea innato, pero, guardando todas las facultades de nuestra alma íntimas irelaciones, puede inferirse que entre ellas ha de haber precisa reacción.
¿Quién podrá negar que la magia de la música y de la poesía abren el corazón inocente a la amistad, a la piedad, en una palabra, a todas las pasiones tiernas y dulces? Pero no olvidemos jamás que el abuso que muchas veces se ha hecho de las bellas artes precisa al hombre de gusto a escoger con discernimiento sus producciones. Ciertos poetas y pintores, llevados de una imaginación desarreglada, se han prostituido algunas veces tratando los asuntos que más chocan. El hombre de gusto reprobará todas las producciones que, ofendiendo al pudor, corrompen las costumbres y, sea cual fuese su mérito, las condenará a un eterno olvido, deplorando que unos hombres de ingenio, nacidos para honrar las bellas artes y su siglo, se respeten tan poco que ambicionen la gloria despreciable de merecer la aprobación de la parte más vil de las naciones.