Biblioteca de la Lectura en la Ilustración
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Identificación

Literatura. Reflexiones acerca de Homero

1806

Resumen

En este reseña sobre el mérito de Homero se compara el interés que suscitan la Ilíada y la Odisea. Se valora más la primera por la pintura de las pasiones que ofrece y la segunda por la fidelidad en el retrato de las costumbres.

Se siguen principalmente las ideas de Robert Wood para quien el genio de Homero era más una herencia cultural que el resultado de su mérito literario. El autor de la reseña conjetura además que, por las descripciones geográficas, Homero procedía de la costa centro-occidental de Anatolia, llamada Grecia asiática, y, por tanto, que el poeta era de origen asitático.

Descripción bibliográfica

Anónimo, «Reflexiones acerca de Homero», Memorial literario. Biblioteca periódica de Ciencias y Artes, IV (1806), núm. IV (10 febr.), pp. 145-150.
 

Ejemplares

Biblioteca Nacional de España

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Cita

(1806). Literatura. Reflexiones acerca de Homero, en Biblioteca de la Lectura en la Ilustración [<https://bibliotecalectura18.net/d/literatura-reflexiones-acerca-de-homero> Consulta: 09/02/2023].

Edición

Después de tanto como se ha dicho y escrito acerca de este gran poeta, parecerán inútiles estas reflexiones que tratamos de hacer sobre su mérito. Pero, examinado este bajo un nuevo aspecto y rediriéndonos a manifestar la exactitud de sus comparaciones, de sus conocimientos, etc., siempre resultará alguna utilidad de nuestro trabajo, único premio a que aspiramos.

De sus dos poemas la Ilíada y la Odisea, la primera ha sido siempre reputada por superior y esta opinión, según dice un sabio inglés [1], se acreaditará más y más a medida que se aleje la época en que escribió Homero. Suponiendo en estas dos obras igual mérito, la que desenvuelve grandes pasiones trágicas y se ocupa menos en la descripción de las costumbres domésticas y pasajeras de la vida, es claro que debe vivir más tiempo en la memoria de los hombres. Estas pasiones siempre existen: deseo de gloria, valor y heroísmo. En la historia de todos los siglos se ven hombres agitados de estos sentimientos. ¿Pero iguales costumbres? Jamás. Usos, ritos, legislación, diversiones, carácter nacional, trajes, etc. etc., todo esto varía y no en la serie de los siglos, sino en el corto sitio que separar dos países limítrofes.

Considerada, sin embargo, la Odisea bajo el interesante carácter de una pintura fiel de las costumbres del siglo, debió sin duda alguna agradar mucho más que la Ilíada al pueblo para quien se escribió y si ha contribuido menos a la celebridad de Homero, consiste en que ha pasado a naciones que no tienen la misma civilización, ni las mismas costumbres y que no conocían el lugar de la escena.


En la Odisea se pinta la vida doméstica y, por consiguiente, sus bellezas son más locales que las de la Ilíada: ciertos pormenores que son muy difíciles de imaginar son la base principal del mérito de sus descripciones y los toques originales del pintor son tan delieados e imperceptibles que para descubrirlos es preciso confrontar la copia y el original. Así lo juzga M. Wood en su ensayo sobre el genio original de Homero [2]. M. Wood, que habiendo recorrido las islas del archipiélago, la Grecia, las costas europeas y asiáticas, del Helesponto, de la Propontide y del Bósforo hasta el Mar Negro, el Asia menor, la Siria, la Fenicia, la Palestina y la Arabia, el Egipto, etc. tuvo el placer de leer la Ilíada y la Odisea en el mismo paraje donde combatió Aquiles y en los mismos sitios por donde viajó Ulises. En todas las observaciones que vamos a hacer, hemos tenido presente la obra de este sabio viajero.

Leídas las obras de Homero y, observado el país que habitaba sus comparaciones, dan lugar a conjeturas sobre el país donde nació o, al menos, donde fue educado. M. Wood para manifestarlo escoge desde luego el sitio en el que el poeta compara a un agitado mar, los griegos inquietos y vacilantes, entre los sentimientos del honor y el peligro y que tan pronto desean huir como permanecer tranquilos. Desde la costa de Jonia, ha observado muchas veces M. Wood, la semejanza de esta comparación en todos sus pormenores, lo cual prueba la originalidad de este poeta. Las montañas de la Tracia forman el fondo del cuadro; la tempestad se precipita en el mar Egeo, cuyas humeantes olas pierden su color natural; la costa de Jonia azotada incesantemente por las ondas que rugen al estrellarse en ella, es el primer punto de vista. Después de hechas esta y otras observaciones muy poderosas, se puede conjeturar que Homero era asiático y la Jonia parece que es el paraje de donde partió para examinar la naturalera y los países extrajeros.

Lo que sobre todo debe admirarnos en Homero es su exactitud en la pintura de los caracteres de los sujetos que describe y de las costumbres de los pueblos de que hace mención. Lo que más se extraña regularmente en los orientales es la profunda y refinada simulación que tienen todos, aun los de más elevada clase, pero sobre todo aquellos que, fundados en su poder, gozan de autoridad. Tal es el carácter de Ulises y cómo esta desconfianza universal envenena todas las clases del Estado y las hace enemigas; cuando dos o más personas se llegan a estimar verdaderamente, su amistad es extremada y, en efecto, la historia árabe, cita un gran número de amigos sementantes a Pilades, a Orestes, a Aquiles y a Patroclo. 

Las costumbres del siglo de Homero son, sin disputa ninguna, la causa de la sencillez que se observa en sus obras. Entonces no había ninguna expresión grosera o indecente porque no había ideas inmodestas. No se conocian términos técnicos cuando las artes se reducían a los usos de la vida común y se tenían muy pocas ideas abstractas antes del nacimiento de la filosofía. Cuanto menos ilustrado era un sujeto, tanto menos oscuro era también.  El poeta podía mudar la forma de sus palabras, sin equivocar o torcer el sentido y variarlas sin alterar la expresión de la idea, pero jamás sacrificaba la vedad ni la nauralidad a la armonía. Tales fueron las ventajas de una lengua que ha contribuido a que Homero sea tan original en sus expresiones como en sus ideas; sencillo con dignidad, natural sin indecencia, sabio sin usar de términos científicos y finalmente el más claro y armonioso de todos los poetas.

  1. Quizá pueda referirse a Richard Bentley (1662-1742) quien estaba convencido de que Homero no había existido.
  2. Robert Wood (1717?-1771), arqueólogo y viajero, publicó An essay on the original genius of Homer (1769). En su opinión, Homero fue un hombre iletrado que se sirvió de cantos y versos populares para la creación de sus epopeyas. Es una idea repetida por autores con Giambattista Vico o Rousseau que Homero no era un gran poeta, sino un transmisor de la cultura oral de su tiempo.