Francisco de Tóxar o Tójar, impresor salmantino, publicó en 1793 las Poesías póstumas de su cuñado, el sacerdote y poeta José Iglesias de la Casa (1748-1791), cuyas letrillas satíricas, amorosas y supuestamente anticlericales desagradaron al Santo Tribunal de la Inquisición de Valladolid.
El impresor, indignado con la resolución inquisitorial, solicitó a Bartolomé José Gallardo, aficionado a la sátira, la redacción de un Memorial en defensa de las poesías de Iglesias de la Casa. El encargo se explica porque entre 1802 y 1803 Gallardo publicó en Salamanca, a donde se había trasladado en 1791 para estudiar Medicina, el periódico titulado El soplón del diarista de Salamanca.
En el documento, Francisco de Tójar manifiesta haber recibido la notificación, con fecha de 24 de mayo de 1803, del señor Lectoral de que suspendiese la tercera edición que anunciaba en el prólogo de la segunda impresión. Este expresa su voluntad de obedecer ciegamente al Tribunal, indicándole también que no ha comenzado la edición por haber solicitado al Supremo Consejo de Castilla el privilegio de la exclusividad, a fin de que otros editores no las puedan imprimir.
Añade además que solicita la aprobación, pues está dispuesto a corregir, enmendar y suprimir cuando se le señale mercedor de reparo.
Las tres censuras realizadas sobre la reimpresión de 1798 de la edición póstuma se basan en afirmar que la materia más común de estas poesías es lasciva y que su estilo poético, dulce, suave y halagüeño, las hace muy atrayentes, lo cual resulta muy grave «porque se entre sin sentir su malignidad» (h. 3r.). Se reprocha la utilización de expresiones como «divinos ojos» en boca de los jóvenes pastores, de modo que pocos poemas se salvan del escrutinio.
Del mismo modo, creen los censores que son poco excusables las razones del editor de la obra. Su cercanía al poeta y la valoración de sus méritos formales, le distrajo y le impidió profundizar en el fondo de los poemas hallando su verdadero sentido. El primer censor concluye que debería haberse limitado a publicar sus himnos místicos y otros poemas de carácter devoto o teológico, propios de un poeta esclesiástico. Se concluye así en la primera censura que:
Que estas Poesías póstumas conforme están no se deben permitir al público porque, siendo su materia por la mayor parte lasciva y torpe, es nociva a las buenas costumbres y lo es mucho más por su dulce, amoroso, expresivo, vivaz y chispeante del metro.
La segunda censura abunda en la misma idea y es que ni la juventud del poeta cuando compuso algunos de sus poemas, ni la buena fama adquirida, justifican el ofrecer al público la mayoría de sus escritos. Finalmente, la tercera censura insiste en afirmar que son impropios de un teólogo los romances jocosos, pues la mayor parte de los versos tratan sobre el amor o la sátira.
Por su parte, el defensor de Iglesias de la Casa, Bartolomé José Gallardo, intenta rebatir los argumentos y muestra las contradicciones existentes entre los propios censores. Incluso pone en evidencia su incumplimiento de la regla séptima del Concilio de Trento que prohíbe solo los libros que expresamente tratan o enseñan materias lascivas.
Defiende la sátira como forma de pintar el vicio y de ridicullizarlo, pues este género de poesía, que cuenta con una larga tradición, resulta sumamente útil en cuanto que apela al conocimiento de uno mismo y de los males sociales.
Gallardo examina los poemas constatando que nada de indecente se encuentra en ellos, ni en el caso de las sátiras, ni en las letrillas o en el resto de versos. Los escritos mordaces y su posible menosprecio a profesores de la Universidad de Salamanca no son sino prueba del amor a la Escuela salmantina que Iglesias procesaba. Además, afirma que si tal ofensa se hubiera producido, no sería asunto a enmendar por el Santo Oficio.
En conjunto, el pormenorizado examen de Gallardo demuestra la parcialidad con había sido censurado el poeta cuando, en realidad, debería ser alabado por su valía literaria y su compromiso con la moral pública.
El escrito fue prohibido y secuestrado por la Inquisición.