Francisco de Tójar, cuñado de José Iglesias de la Casa, ofrecía de nuevo al público las poesías del presbíetero salmantino. Expresa en el «Prólogo» la buena acogida de la primera edición, que data de 1793. Aunque la posibilidad de realizar una tercera edición se le negó a Tójar por los inquisidores del Santo Oficio, manifestó, sin embargo, el interés del público por el poeta y la buena consideración que a la crítica mereció su obra:
Este ha sido reconocido por cuantos hombres instruidos y de buen gusto tiene la nación y la «Carta» que corre al frente de la primera edición, el Memorial Literario de Madrid, el Semanario de Salamanca y otros papeles públicos serán siempre un testimonio cierto del buen gusto con que Iglesias sabía tratar todo género de composiciones, igualando e imitando a nuestros mejores poetas, para con aquellos pocos a quienes no encante la lectura de estas obras por lo armonioso y sonoro de los versos, por la variedad y belleza de las imágenes, por la abundancia de sentencias y por aquella copia y propiedad de expresiones con que hace sentir en el corazón la misma voz de la naturaleza (pp. ix-x).
El editor utiliza primero el buen gusto y mérito lírico del poeta para justificar el valor tanto de su poesía profana como de la sagrada, temeroso de que la primera no fuera tan comprendida y valorada como la segunda.
Expresa también Tójar las razones por las que se amplía esta segunda edición con el conjunto de poemas cuya autoríaha podido verificar y cuyas razones ha expuesto de forma pormenorizada en varios artículos aparecidos en el Semanario de Salamanca los días 6 y 31 de octubre de 1795.
El primer tomo contiene las poesías pastoriles y líricas y el segundo reúne los epigramas, las sátiras y otras obras de juventud «más picantes» (p. xv), aquellas que irritaron a los censores.